Durante años, gran parte de las decisiones sobre carreteras, cultivos, redes eléctricas o sistemas de acueducto se han tomado mirando el clima del pasado. El problema es que el futuro ya no se parece tanto a ese historial. Lluvias más intensas en algunos territorios, sequías prolongadas en otros y fenómenos extremos cada vez más frecuentes están obligando a replantear cómo se planifica el desarrollo de ciudades, empresas e infraestructura.
La respuesta a esta pregunta es cada vez más urgente: ¿cómo analizar hoy qué zonas podrían enfrentar mayores riesgos climáticos dentro de diez, veinte o treinta años?
Parte de la respuesta llega con la colección de datos climáticos CHELSA incorporada al ArcGIS Living Atlas de Esri. Esta actualización pone a disposición información sobre temperatura y precipitación con una resolución cercana a un kilómetro cuadrado, una escala que permite observar, gracias a las capacidades de análisis geoespaciales, los comportamientos climáticos locales y combinarlos con datos de infraestructura, población, recursos hídricos, ecosistemas y actividades productivas para identificar riesgos climáticos específicos en cada territorio.

La precisión adquiere especial valor en un país como Colombia, donde las diferencias entre una montaña, un valle o una zona costera pueden modificar de forma significativa la cantidad de lluvia, la temperatura y la disponibilidad de agua en distancias relativamente cortas. Esta información puede transformarse en mapas, escenarios y modelos predictivos que facilitan la priorización de inversiones, la planeación territorial y el diseño de estrategias de adaptación climática basadas en evidencia.
“Uno de los principales retos que han enfrentado las empresas al identificar y evaluar riesgos climáticos ha sido la falta de información suficientemente detallada para tomar decisiones. La llegada de las proyecciones CHELSA representa un avance importante porque pone a disposición datos mucho más precisos sobre variables como temperatura y precipitación, permitiendo entender mejor lo que puede ocurrir en territorios específicos”, afirmó Carlos Emilio Torres, gerente de Sostenibilidad y Cambio Climático de PwC Colombia.
La información puede utilizarse para responder preguntas que hoy están sobre la mesa de inversionistas, autoridades locales y compañías de múltiples sectores. ¿Qué tan vulnerable podría ser una región frente a inundaciones futuras? ¿Cómo cambiaría la disponibilidad de agua en una cuenca? ¿Cuáles corredores viales tendrían mayor exposición a eventos extremos? ¿Qué cultivos podrían verse afectados por modificaciones en los patrones de lluvia? También aporta a los valores oficiales emitidos por el IDEAM sobre el monitoreo y predicciones.
Los sectores de banca, seguros, energía, infraestructura, agroindustria, transporte y servicios públicos aparecen entre los más interesados en este tipo de análisis. Buena parte de sus operaciones depende directamente de condiciones climáticas que ya están mostrando cambios en distintas regiones del país.

La información también permite construir escenarios sobre productividad agrícola, disponibilidad hídrica, resiliencia de cadenas de suministro y continuidad operativa. A través de herramientas geoespaciales, las organizaciones pueden visualizar estos escenarios sobre mapas interactivos, identificar puntos críticos y evaluar impactos potenciales en activos, operaciones y comunidades. Se trata de elementos que cada vez pesan más en la toma de decisiones empresariales y en la planificación territorial.
“Cuando se cuenta con información climática tan detallada, es posible modelar mejor cómo evolucionarán los riesgos durante los próximos años y evaluar la capacidad de respuesta de las operaciones, la infraestructura e incluso las cadenas de suministro. Eso fortalece los análisis financieros y operativos, pero también las estrategias de adaptación que las organizaciones necesitan desarrollar”, señaló Torres.
Los datos reúnen variables relacionadas con temperatura y precipitaciones bajo distintos escenarios climáticos futuros. Su principal fortaleza es la capacidad de representar con mayor precisión dónde y cómo pueden comportarse estas condiciones en territorios complejos como cordilleras, costas, valles y otras regiones donde la geografía influye directamente sobre el clima.
La necesidad de contar con este tipo de información ha ganado relevancia a medida que gobiernos, empresas e inversionistas incorporan el riesgo climático dentro de sus procesos de planeación. Cada vez son más frecuentes las exigencias para demostrar cómo se gestionan amenazas asociadas al agua, los fenómenos extremos o la vulnerabilidad de infraestructuras críticas.
Más allá de los mapas y los modelos, el objetivo es contar con mejores herramientas para tomar decisiones. Saber dónde invertir, dónde reforzar infraestructura, qué territorios requieren medidas de adaptación o qué proyectos enfrentan mayores riesgos puede marcar una diferencia significativa para el desarrollo de regiones enteras.
Con la integración de estos datos al ecosistema de soluciones de Esri, el acceso a información climática de alta resolución comienza a convertirse en un insumo cada vez más útil para planificar el futuro con mayor certeza al analizar escenarios, gestionar riesgos y fortalecer la toma de decisiones. En un contexto donde la adaptación al cambio climático es cada vez más estratégica, la combinación de datos científicos de alta calidad y tecnología geoespacial se convierte en una aliada clave para planificar el futuro con mayor certeza.

