Los pagos digitales están entrando en una nueva etapa. Después de años en los que los relojes inteligentes y las aplicaciones móviles dominaron la conversación, una entidad financiera decidió llevar la experiencia un paso más allá: permitir que las personas paguen simplemente usando un anillo o una pulsera, sin depender del teléfono móvil.
La apuesta llega de la mano de Inter, banco digital brasileño listado en NASDAQ y con 44 millones de clientes en el mundo, que acaba de presentar en Estados Unidos el Inter Ring y el Inter Wristband. Ambos dispositivos permiten realizar pagos sin contacto mediante tecnología NFC pasiva y funcionan sin batería, sin pantalla y sin necesidad de estar conectados a otro equipo.

La propuesta apunta a resolver uno de los puntos que todavía acompañan a gran parte de los dispositivos wearables disponibles en el mercado. Aunque muchos permiten pagar desde la muñeca, suelen depender de un teléfono cercano o de ciclos permanentes de carga. En este caso, la activación se realiza una única vez desde la aplicación de Inter y el dispositivo queda listo para operar de forma independiente.
La decisión también refleja un movimiento interesante dentro de la industria financiera. En lugar de concentrar toda la experiencia en una aplicación móvil, Inter decidió llevar su presencia al momento físico del pago, un espacio donde compiten bancos, fabricantes de tecnología y plataformas digitales.
El tamaño de la oportunidad ayuda a explicar la estrategia. El mercado global de dispositivos wearables para pagos está valorado actualmente en 72.400 millones de dólares y las proyecciones apuntan a que alcanzará los 285.900 millones de dólares hacia 2035. La infraestructura necesaria para este crecimiento ya existe: más de tres cuartas partes de los comercios en el mundo operan con terminales compatibles con NFC.
Para empresarios, emprendedores y compañías que observan las tendencias de consumo en Estados Unidos, el movimiento ofrece una señal relevante. La evolución de los medios de pago sigue avanzando hacia experiencias más rápidas, invisibles y con menos pasos para el usuario. Cada segundo que se elimina en una transacción puede convertirse en una ventaja competitiva para comercios, plataformas de servicios y ecosistemas digitales.

La seguridad también forma parte de la propuesta. Los dispositivos utilizan tokenización y cifrado alineados con los estándares de los pagos sin contacto. Si un usuario pierde el anillo o la pulsera, puede desactivarlos directamente desde la aplicación sin afectar la tarjeta principal asociada a la cuenta.
Según Rodrigo Gouveia, director ejecutivo de E-Commerce y Ecosistemas de Inter, el objetivo es simplificar la vida cotidiana mediante tecnología diseñada para reducir fricciones y ofrecer una experiencia más práctica en cada compra.
El lanzamiento comenzará con un grupo limitado de clientes elegibles en Estados Unidos. La expansión para una base más amplia de usuarios está prevista para los próximos meses de 2026. Mientras tanto, la industria financiera seguirá observando si el próximo paso de los pagos digitales ya no está en el bolsillo, sino literalmente en la mano de los consumidores.

